Puedes decidir cancelar tu tarjeta de crédito (o alguna de ellas) por diversas razones: para evitar tentaciones, reducir gastos excesivos, etc. Pero, a veces, el trámite no es tan sencillo como uno podría llegar a suponer.
En primer lugar, es necesario cancelar la deuda que pudiera existir y dejar la tarjeta de crédito con saldo cero, antes de anunciar al banco emisor tu intención de darla de baja.
Una vez hecho esto, llama a la empresa o banco emisor de la tarjeta, y comprueba que el saldo sea cero. Entonces puedes pedir la cancelación. Toma nota del nombre de la persona con la que hablaste. Seguramente te pedirán que envíes una carta o fax solicitando la cancelación. Averigua a quién debes dirigir la carta y los términos de la misma. Confirma, además, que no haya gastos sorpresivos generados por la misma cancelación (esos gastos indeterminados que suelen ser llamados “gastos administrativos”).
Cuando escribas la carta, incluye, además del pedido de cancelación, la forma y fecha en que cancelaste el saldo. Solicita que se aclare que la baja fue a pedido del cliente. ¿Por qué? Pues, cuando alguien acceda a su historial crediticio, verá la baja de la tarjeta de crédito, y no es lo mismo haber solicitado la baja voluntariamente, que haber sido dado de baja por la empresa o banco por mal cumplimiento, morosidad o deuda impaga.
Una vez enviada la carta, espera unos días y vuelve a llamar por teléfono (esta vez, al sector al que la envió), y confirma que la hayan recibido. Toma nota del nombre de la persona con la que habló.
Probablemente la baja no sea inmediata, y debas esperar unos días. Una vez confirmada la baja (y re-confirmada, por las dudas), espera un tiempo prudencial y destruye tu tarjeta de crédito. Asegúrate de cortar por la mitad la banda magnética y tu firma, cortar en sectores pequeños el número de la tarjeta, y distribuir los restos en diferentes bolsas de residuos. Las precauciones nunca son pocas si de evitar problemas se trata.
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